23 de octubre de 2009

Cuadernillo N° 28 – PARTE 1

· El fuego del ego

· El agua de vida

· La espiritualidad emergente

EL FUEGO DEL EGO

Amigos, los labios que se entreabren y se distienden son como el puño que se abre. Lo que os quema puede escaparse de él, debe escaparse de él, si queréis que de verdad sea de amor.

Por eso no os sugiero que pronunciéis su nombre en el laberinto del lenguaje a cada instante de vuestra vida, sino que lo dejéis irradiar. La Luz del Espíritu habla a través de la luz del cuerpo, ¿acaso lo ignoráis? Por lo tanto, aprended a dejar de alimentar en vuestra envoltura carnal cierto fuego que os devora. Dejar que la Luz asome a través de uno no tiene nada en común con el hecho de querer preservar la presencia de esta. Amar, es justamente no tener que demostrar nada. ¡Miraron todos! ¿En qué cruzada os habéis dejado alistar? Todos aspiráis a la felicidad y para haceros querer, para amar, os empeñáis en demostrar la excelencia de vuestra visión, de vuestra irradiación, y también lo acertado de vuestros comportamientos. Así es como agotáis y cómo corréis velo tras velo entre vosotros y Vosotros. Cuando os digo "pasad a través vuestro", os invito a redescubrir la autenticidad hasta en la distensión de todas vuestras fibras musculares. La sonrisa de la ternura es una de las claves de esa distensión. Es una invitación a dejar de hacer de uno un hombre-revólver, constantemente a la defensiva y dispuesto a la agresión.

Durante algún tiempo, esforzaron en llevar la cuenta cada día del número de veces en que una verdadera sonrisa se dibuja claramente en vuestro rostro. Quizá os sorprenda, ya que evidentemente no os hablo de esas sonrisas forzadas que se ofrecen por simple educación, incluso por cálculo, aunque sólo sea consciente a medías. Esas son una moneda de cambio carente de toda substancia de vida. Son la careta mercantil de la que precisamente habéis decidido deshaceros, ya que una de las raíces de ese tipo de cáncer que os aqueja a todos reside en eso: "te doy si tú me das... te quiero a condición de que tú me quieras." Todo eso, amigos, significa por lo tanto "abandónate, ofrécete primero, sólo entonces, veré si yo también me puedo ofrecer".

En cada ser humano hay un reflejo de viejo caravanero experto en todos los regateos que aflora a cada instante como si el equilibrio vital de la persona dependiera de ello. De nada sirve decir "¡es el ego que reacciona con toda lógica, porque lo han engañado tantas veces!" Levantar semejante atestado lo único que hace es ahondar aún más la rodada donde te has atascado, abrir más todavía los labios de la herida que padeces.

Por eso os pido que, a partir de hoy, abráis los ojos con toda honradez a ese fuego interno que os corroe porque os ha convertido en el centro de cierto universo. Mirad, ese universo está claramente cerrado; funciona siguiendo unas reglas de juego de las que sois el autor y el único detentor. Ese es su drama: gira en circuito cerrado, saturado de su propia energía. En ese sentido, el principio de su muerte ya está planteado desde la hora de su nacimiento, ya que su corazón nunca se muestra emisor. La evolución denunciará sin cesar y cada vez más claramente ese fuego. ¿No veis hasta qué punto os consumís en el deseo ardiente de atraer hacia vosotros? Queréis jugar a ser el sol, pero habéis observado mal al sol. Es el centro de todas las esperanzas, el símbolo de los símbolos no porque todo va hacia él, sino porque él lo ofrece todo. Eso es otra evidencia, lo sé muy bien, pero una evidencia que no comprendéis puesto que vuestros comportamientos reflejan una inversión de la ley natural. El fuego se vuelve destructivo en cuanto se ceba de sí mismo. Así pues, el ego de cada una de las células que constituyen la humanidad está inflado por su propia suficiencia.

Aceptad al fin hacer balance e interrogad a ese brasero que se expresa en algún punto en torno a la boca del estómago: pase lo que pase, cree tener respuesta para todo, y ordena. Es él quien, en vosotros, cree saber lo que hay que pensar y cómo hay que pensarlo; es él quien juzga la forma acertada de vestirse, alimentarse, de mirar a los demás, incluso de hablar. Por lo tanto, no sois vosotros quienes vivís y dirigís vuestros pasos, sino él a través vuestro, es decir un extraño instinto que os devuelve sin cesar al universo del "yo". Por una vez, en este momento del Amor-Sabiduría, y por todos los que vendrán, no os consideréis excluidos de mi discurso. ¿No es ese "yo" quien sabe a ciencia cierta lo que conviene leer, quien dice saber dónde se sitúa la "verdadera espiritualidad"? En el silencio de vuestra habitación, en un lugar secreto de la naturaleza, atreveros a hablar abiertamente a ese "yo" cotidiano. Dirigiros a &l en voz alta y preguntadle quién es exactamente y qué es lo que quiere. Buscadle un nombre, si hace falta... Desde luego no un nombre que no os guste, aunque os tenga hartos de toda su cepitación llameante, ya que no os vais a dirigir a un enemigo.

Me diréis "¿Cómo? ¿Cómo ese fuego que nos roe, ese ego, ese sol invertido, ese usurpador no es un enemigo?

La verdad, no, no es un enemigo ya que el otro Sol, el único, el verdadero Fuego que os anima no puede tenerlo. Este ha convertido vuestro ego en una herramienta, un intermediario entre vuestro devenir y vosotros mismos. El sol del ego representa el barómetro de vuestra ascensión; debéis mirar sus curvas con desapego y sin identificaron con él. Sus variaciones son como la respiración de la Vida que se busca a través vuestro. Si vuestra labor consiste en permitir al verdadero Sol que las regule en vosotros, de nada sirve odiarlas. Las imperfecciones de vuestra personalidad inferior se alimentan demasiado bien de sus propias heces. Por lo tanto, el desprecio hacia ese falso vosotros que es el fuego devorador favorecerá una implantación más fuerte de este último.

Voy a contaron un secreto: hay algo temido por el ombligo de cada hombre. Esa fuerza se llama la risa. Ese fantasma al que llamáis ego no soporta ver que no se le toma en serio, es decir que se adopta un lenguaje distinto del suyo. Por lo tanto, al dirigiros a vosotros, al darle un nombre, al mirarlo de lejos "por la otra punta del catalejo", vais a desconcertarlo un poco y a cercarlo mejor. Entonces, veréis, veréis que si tiene tanta necesidad de que lo tomen en serio, es porque tiene miedo... y sabéis a ciencia cierta, por haberlo experimentado, que el miedo genera agresión hacia uno mismo o hacia el prójimo.

¿Hay que volver a empezar una vez más el ciclo sin fin de los autoanálisis, la ronda de los psicodramas donde con frecuencia uno expresa con violencia sus pavores y sus represiones? Si, una vez identificados, no conseguís amar vuestros miedos y vuestras impotencias como otros tantos mojones, como otros tantos estados pasajeros de la Luz que se revela en vosotros, será tiempo perdido. El calor de ese amor no será el fruto de un análisis seco, sino de una comprensión y de una ternura infinitas.

El fuego erróneo nace invariablemente de un extraordinario sentimiento de inferioridad que debéis sacar a la luz cueste lo que cueste. Todo ser que ha comprendido la nobleza de su esencia y la luminosidad de su devenir entra de lleno en éste y no tiene ninguna necesidad de demostrar nada, ya que experimenta el hecho de ser una promesa viva en estado de realización. Esta fase amigos, no pasará nunca de ser una concatenación de grandes palabras si no encuentra en vosotros una voluntad de dejar de alimentar el fuego de la rutina. Sentiréis que ha llegado la hora de exclamar "basta". Basta a lo que os convierte en un robot que reacciona mecánicamente a la menor de sus pasiones. Basta a los caprichos de esa apariencia de vosotros mismos que se refugia sin cesar en reflejos de autoprotección. Expulsaron de esa tensión nacida de la mentira que os contáis cada día al levantaron de la cama. ¿Para qué, para quién vivís?

Ahora, escuchad esto: a fin de oxigenar mejor el organismo y de alejar del ser esa enfermedad en boga llamada angustia, a menudo os aconsejan que aprendáis a respirar mejor. Nada más acertado, ya que vuestros pulmones y el sistema que desarrollan estos son el lugar de intercambio privilegiado entre lo infinito que dormita en vosotros y el que percibís fuera de vosotros. Nada más acertado, salvo que por lo general se omite hablaron de la espiración. En efecto, la calidad de ésta condiciona en gran parte la calidad del mecanismo respiratorio. Saber espirar requiere tanto un estado de ánimo, o si lo preferís, una sensación particular, como el acto de inspirar.

El nivel de conciencia que se le dedica se convierte entonces en un aliado de vuestra liberación. Por la espiración, lo que expulsáis de vosotros es algo más que el aire gastado, viciado, también puede ser la ansiedad que os agobia y que va a tensar vuestros músculos a vuestro pesar. No creáis que os sugiero que trabajéis en vosotros mismos a partir de un símbolo o de una analogía, aunque, por difícil que resulte de creer, el mundo de los símbolos está vivo y es susceptible de aportar una ayuda maravillosa a todos y cada uno. Quiero haceros comprender hasta qué punto el microcosmos de vuestros pensamientos y de vuestras tensiones impregna hasta la última de vuestras células, hasta convertir la totalidad de sus tejidos en su campo de acción.

Un temor, una ansiedad, una crispación mental así como el cortejo de pensamientos que las alimentan son otros tantos impulsos motores que lanzáis hasta lo más recóndito de vuestro ser, son potenciales energéticos que van a injertarse en la estructura sutil del aire que inspiráis y que, claro está viaja a través de vuestro cuerpo.

La espiración no consiste pues únicamente en eliminar los gases inadecuados para vuestro organismo. Si es correcta, permite expulsar esos microorganismos que actúan en un modo vibratorio propio, y con ello impide la incrustación de las rigideces en el corazón de vuestro organismo.

Por lo tanto, como veis, la voluntad de apagar las brasas del ego es ajena a la noción de "voluntad personal". Confluye con la idea elevada de la "voluntad divina" que es un canal de Vida, fruto de una inquebrantable confianza activa.

La extinción del fuego del ego consiste en abandonar conscientemente las riendas de lo cotidiano a vuestra Esencia. ¡En adelante, seréis Vosotros quienes querréis a través de vosotros!

A través vuestro, las células de vuestras entrañas pueden ponerse a pensar y dejar de reaccionar pasional, impulsivamente. Sois responsables de su despertar al igual que lo sois del despertar del animal que habéis acogido bajo vuestro techo.

Dialogar con todas las parcelas de vuestro organismo, amigos, es aceptar por consiguiente ofrecerles un poco de ese verdadero silencio que no se resume a una ausencia de ruido, sino que constituye la revelación de un espacio de alegría en el preciso lugar donde vuestro cuerpo se agarrota.

Ahora les propongo el siguiente ejercicio:

"Cerrad los ojos y sentid una esfera de luz azul suspendida por encima de vuestra cabeza. No intentéis visualizarla, porque vuestra voluntad quizás se tensaría inútilmente para lograrlo. Por el contrario, esforzaron en adivinar su presencia, suave, apaciblemente, lentamente si fuera necesario. Ya que la verdad está ahí. Es la promesa de lo que sois y tenéis aún sin integrar.

De esa esfera luminosa cae ahora sobre vosotros una lluvia fina de gotitas de oro, deliciosamente fresca como un rocío de primavera. Viene a lavaron, porque es la caricia de una ducha tras una larga travesía por el desierto. Sentid cómo resbalan sus perlas sobre vosotros y desincrustan las impurezas de vuestro ser; incluso desprenden sus escamas y os restituyen vuestra humildad, la que constituye vuestra verdadera grandeza. Bajo esa lluvia, sólo existe la Unión, ¿Presentís hasta qué punto cada átomo de vuestro cuerpo está en comunicación con todas las partículas del universo? Todo se toca, todo respira la misma vida, todo es Uno en cuanto pensáis que es Uno.

Ahora llega el instante en que el sol azul desciende lentamente hacia vosotros, sobre vosotros. Penetra en vuestro interior por la coronilla y baja con toda paz, toda fluidez a lo largo de vuestra columna vertebral. Os inunda con su frescor y sentís que finalmente se estabiliza un poco por encima de vuestro ombligo.

En adelante, es vuestro anclaje, vuestro fuego sagrado, regenerador. Está ahí, Aquél a quien habíais expulsado de vuestro centro, el bálsamo profundo como el azul del cielo...

¿Veis hasta qué punto se parece a la Alegría? La verdad es que es la Alegría, ese motor universal autogenerador que tan a menudo falta a vuestros días y vuestras noches. Sobre todo, no imaginéis poder avanzar o incluso simplemente consolidaron sin redescubrir su verdadero rostro. La Alegría es el primer fruto del Amor, su fruto necesario... ya que un amor que no suscita alegría es como un sol cuyos raíles de brazos de luz no calientan el suelo que están encargados de vivificar. Muchos siguen riéndose cuando se les habla de Alegría en el contexto de una búsqueda interior.

¿Pero cuál es ese objetivo? ¿Cuál es vuestra meta? ¡Sí cada uno de vosotros empezara por admitir que ya se manifiesta por un poco de luz en la mirada, por un destello de alegría que recorre su rostro, se habría hecho tanto ya!

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EL AGUA DE VIDA

Es de suma importancia que tomemos en cuenta de la necesaria fluidez en nuestra vida. En verdad, amar y honrar a la Tierra también es no petrificar nada en ella, en uno mismo. La Tierra de la que les hablo es también el agua que circula por nuestros arroyos interiores y el río de las corrientes universales en las que nadamos.

Amar y respetar la materia en lo que a menudo tiene de pesada, no significa inmovilizarla. Así que el Agua de la que les hablo representa ese elemento de purificación por el cual se fluidifica en nosotros el barro de todas las pruebas. Es lo que permite desencresparse ante esa especie de ciática mental que la civilización sufre de forma no sólo congénita, sino también hereditaria.

No existe ninguna fatalidad ni en la pesadez ni en la rigidez de las actitudes. El Agua, que el crecimiento espiritual quiere revelar en vosotros, como presentís, es algo más que ese líquido hoy en día rara vez puro que nuestro cuerpo reclama. Es todo lo que, en nosotros, facilita la Gran Limpieza imprescindible al mantenimiento de la Vida. Son los propios riñones, la vejiga... Hay que desengañarse, esos órganos no tienen nada de trivial, como tampoco ningún otro por lo demás. Su función es tan noble como la de cualquier otra parte de nuestro ser.

Ese agua que se llama orina es el asombroso barómetro del grado de fluidez de la Vida en el cuerpo. En ella se reflejan vuestras tensiones, replanteamiento o el rechazo de éstos. En su contaminación se ve una analogía con las mismas de nuestra fuerza mental de la que no sabemos deshacernos y que cubren de sarro nuestro ser por estratos sucesivos. No bebemos bastante Agua de la Vida, absorbemos su facsímil que petrificamos en el interior mismo de nuestro ser.

¿No os sentís a veces como un filtro que nunca ha sido limpiado, o como una cubeta de decantación próxima a su saturación? Ese atranco que padecéis no basta para convertiros en las víctimas inocentes de un mundo del que sabéis que está desvirtuado. El mundo es vosotros. Hasta en sus menores engranajes. ¡Desde la belleza más perfecta hasta la mayor aberración!

La única agua que circula en el cuerpo es lo que se llama la energía de la existencia. De tal forma se beben ciertas aguas igual que se beben ciertas ondas mentales, con actos mecánicos, inconscientes, vacíos de amor y saturados de ese sentimiento de apropiación tan característico del ego que sufre...

El Agua de Vida que subyace a todo es distinta de un símbolo normalmente entendido. Es una forma de ver, de comprender, de absorber y de retransmitir el flujo vital que el Universo pone a nuestra disposición y sin el cual todo se enquista en nuestro ser.

Primero, tomemos las cosas desde su base... ¿Cómo bebéis? ¿A sorbitos o a grandes tragos? ¿Con prisa, con avidez quizá, o por el contrario serenamente? Aquí, lo único que importa es vuestra actitud interna.

Lo importante es subrayar lo siguiente: la necesidad de un estado de ánimo... Ya que la dificultad proviene de lo raramente que se bebe el agua. Desde luego, absorbemos, incorporando al organismo lo que se llama sabiamente su "combinación molecular". En realidad, lo que se aprecia es su cuerpo o tal vez su alma, cuando la sed es ardiese. Pero, ¿alguna vez se sabe recibir su espíritu? Es decir, ese algo mas que la habita y que justamente hace que sea el Agua. Es inútil intentar descubrir una impresión diferente detrás de su sabor o su frescor. El descubrimiento debe florecer a la altura de la conciencia... ya que el espíritu del agua es un espíritu de bautismo, es decir una fuerza renovadora, una voz que sugiere la iluminación de forma diferente, con un haz más libre, al totalidad del ser.

No hay ningún misterio en la forma de abrirse al espíritu del Agua... cualquiera que sea la calidad de ésta, ya provenga de las canalizaciones urbanas o de un arroyo de montaña ya que, si su química cuenta para el cuerpo, su llama hace mucho más para vuestro despertar.

El Agua de la que se habla acá, la que puede ayudarnos, espera que la recibamos sencillamente como una invitada, es decir que hay que dejar de engullirla con un gesto mecánico destinado a satisfacer una función vital, y hay que beberla descubriéndola en tanto que presencia sagrada. Para iniciar el diálogo con su esencia, basta con quererlo. Por lo tanto no se habla de bellos y nobles rituales sino sencillamente de la vida de cada día, ya que hay que purificar los instantes considerados triviales, ya que es por ellos, por su aparente pusilaminidad por la que se crecerá.

La comunión con el espíritu del Agua no exige preparativos ni discursos. Debe poder realizarse en el silencio solitario de una cocina, en el andén de una estación o en la sala llena de gente de un restaurante. Es tan infantil, tan discreto. En adelante, al llevarnos agua a la boca, pensemos simplemente: "Te acojo"...

Desde luego, la conciencia luminosa del Agua quizá no responda la primera vez a esta oferta, no porque nos desdeñe, sino porque nosotros mismos no creemos en nuestra "capacidad de acogida". ¡Da lo mismo! Si queremos que luzca el sol en nuestra casa, empecemos por dejar de abrir el paraguas sobre nuestro techo... Confiemos en nosotros mismos. !Puesto que la Vida ha decidido animarnos, es porque somos dignos de ello!

Repitamos pues "te acojo" a cada trago, en el silencio de nuestro corazón, y al sembrar las semillas de esas palabras tomemos conciencia de que un gran ser se incorpora a nosotros. Esta enseñanza representa una llave para que la Realidad venga a morar en nosotros un poco más plenamente, día tras día. Sí, día tras día... debemos bendecir los cambios que se operan progresivamente, ¡Nuestro mundo nos ha enseñado a menospreciarnos, pero es imposible hacer crecer un árbol en pocas semanas con dos o tres dosis de abono! Pero debemos tener en claro que el único guía que puede remontar el hilo de Ariadna, somos nosotros ante nosotros mismos, a través de nuestras resoluciones cotidianas.

¡Lo que espera de nosotros el espíritu del agua en la acogida que podamos reservarle, es una gran carcajada! El Espíritu del Agua es la alegría reencontrada, en primer lugar la alegría de saber que algo circula en nosotros, y luego reconocer ese "algo" sin que ni siquiera sea necesario darle un nombre.

Semejante ampliación de la conciencia dilata los canales sutiles de todo ser humano que la vive. Hace saltar las gangas calcáreas tejidas lentamente por las fuerzas de desesperanza y de la desestima de uno mismo.

Es necesario que nos desengañemos... la risa forma parte de esa esencia del Agua de la que se habla. Es un disolvente, un limpiador sorprendente capaz de desincrustar todas las cosas que se petrifican hasta el extremo, es decir los elementos de esa seriedad inútil y dramatizante que os convierten en un canal estrecho por el que la vida le cuesta trabajo deslizarse. La alegría y la risa son análogas a un sistema urinario en los planos de la realidad sutil. Mediante ellas, se eliminan los desechos generados por nuestro psiquismo a través de las pruebas, y lavan y minan los cimientos de algunas barreras limitadoras.

Por supuesto, se dice que el agua bendita de la pila impone una dignidad que convive mal con la risa y la alegría, pero ¿acaso nos han enseñado lo que podría ser la alegría, acaso nos han dejado la posibilidad de descubrirla? ¿No nos han enseñado más bien a confundir la dignidad de la superficie con la nobleza del alma, hacer como si no viviéramos?

¡No volquemos el agua bendita de las pilas, sino debemos devolverle su fuerza! Si la recogemos un instante en el hueco de la mano, mirémosla aunque sólo sea un segundo y preguntemos "¿qué es?" Una vez más, vayamos más allá del símbolo, ya que nuestro mundo ha desvitalizado hasta la propia noción del símbolo.

LA HORA DE LA RECONCILIACI5N

Meurois Givaudan

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LA ESPIRITUALIDAD EMERGENTE

Algo que emerge es algo que sale, que asoma, que nace. En estos años que nos toca vivir, en estas últimas décadas del siglo XX, se viene apreciando cada vez más aceleradamente en el seno de la sociedad que "algo" quiere nacer, un "algo" indefinible que podríamos llamar UNA NUEVA CULTURA, porque si bien se hace notar en algunos sectores de nuestra sociedad más que en otros, en realidad en todos los ámbitos se dan señales de ese emerger. Muchos seres humanos, desde hace años, se han dado cuenta de este proceso, y con frecuencia se viene hablando y escribiendo sobre ello bajo diferentes epígrafes: Era Acuariana, Nueva Era, Nueva Cultura, Nuevo Paradigma... Algunas de estas expresiones han venido degradándose con el tiempo por el uso descaradamente comercial que se les ha venido dando desde ciertos sectores. La expresión que nos parece más aséptica, acertada y conveniente aquí es la de NUEVO PARADIGMA.

Paradigma es una palabra que cada vez tiene mayor uso. Puede traducirse por "marco de referencias". Cada época, cada cultura, se fundamenta, se rige, se define, es decir, funciona, en base a unos valores o referencias que dan carácter y naturaleza a esa cultura. Estos valores o referencias sufren, siguiendo la propia dinámica de las sociedades y los individuos, crisis periódicas.

La crisis es el mecanismo evolutivo normal indicador de que algo debe ser cambiado. La vigencia de unos valores permanece mientras no son cuestionados. Pero en la medida en que más y más individuos, por su comportamiento, sus intereses, sus aspiraciones y sus quehaceres, se apartan poniendo en cuestión los valores referenciales de una sociedad dada, el paradigma de esa sociedad está propicio a ser cambiado. Todo es cuestión de que este número de individuos inconformistas y que comienzan a regirse por valores nuevos, alcance una masa crítica. Y no es que este proceso lo planifique o lo dirija nadie..., viene porque es algo natural, porque la evolución es una ley inexorable, y lo que sirvió en un tiempo no sirve en otro.

Como señalábamos antes, todos los indicios apuntan a que nos ha tocado vivir en una época donde se está produciendo un cambio de paradigma, cambio que afecta a toda la cultura, a toda la sociedad. Es bajo esta perspectiva que vamos a analizar las características o señales de identidad de lo que hemos dado en llamar "espiritualidad emergente".

ESPIRITUALIDAD NO ES RELIGIOSIDAD:

Pero antes de entrar en ese análisis, resulta imprescindible para el buen entendimiento de lo que queremos comunicar, definir de una manera meridiana algunos conceptos que son usados con gran frecuencia como sinónimos de una forma equívoca y arbitraria.

Hablamos de "Espiritualidad Emergente" y no de religiosidad emergente, porque en contra de lo que algunos puedan pensar, los conceptos de Espiritualidad y Religiosidad no tienen por qué estar relacionados. Se puede ser muy religioso y nada espiritual y al contrario, se puede ser poco o nada religioso y sí muy espiritual.

La religiosidad es un sentimiento que, aun naciendo en nuestro interior, para expresarse debe estar relacionado con cultos, ritos, ceremonias, jerarquías, autoridades, creencias, dogmas y con una vida ajustada a todos esos preceptos, costumbres y usos que, se cree, propician una vida superior aceptable por Dios, remitiendo la veracidad y autoridad de todo ello a las revelaciones efectuadas por determinados seres catalogados de divinos.

La espiritualidad, por el contrario, puede percibirse desde dos puntos de vista: 1) Como el conjunto de las cualidades propias del espíritu, y 2) Como la forma en que se manifiestan esas cualidades propias del espíritu.

Las tres grandes fuerzas o cualidades del espíritu son: la INTELIGENCIA, el SENTIMIENTO y la VOLUNTAD o PODER CREADOR. La conjugación de estas tres fuerzas en los seres humanos y sus variados grados de desarrollo, equilibrios y desajustes, es lo que resulta en la multiplicidad de estadios evolutivos en que se encuentran los seres humanos.

Conforme a las definiciones anteriores, cuando el espíritu humano deja de ser una mera concepción filosófica y pasa a ser un objeto de estudio, cuando deja de ser una abstracción y se convierte en algo accesible a la investigación, su tratamiento abandona el mundo de la creencia para convertirse en ciencia. Luego, la ciencia tiene desde ahora mucho más que ver con la espiritualidad que con la creencia o la fe. En este sentido, entendemos que la Espiritualidad no ha sido, es, ni será nunca ajena a la verdadera ciencia. De hecho, la Nueva Espiritualidad estará en el futuro más unida que nunca a la ciencia, atendiendo al significado original y profundo de esta palabra: "Conocimiento cierto de las cosas por sus causas y efectos", y al concepto filosófico de CIENCIA como "modo de conocimiento".

LOS CLICHES DE LA ESPIRITUALIDAD:

En la mente de todos nosotros, por nuestra cultura, nuestro aprendizaje y la tradición en que mayoritariamente hemos sido educados, hay unos parámetros que acuden cada vez que nos imaginamos cómo debe ser un ser humano espiritual. De esta manera, cuando se nos nombra tal concepto, vemos a un ser humilde, de pocas palabras, servicial, casi tímido, que reza mucho y va con frecuencia a los servicios religiosos, que jamás discute, alza la voz o se violenta..., etc. ¿No es verdad que este tipo de imágenes acuden a nuestra mente?

Sin embargo, siguiendo el hilo de la espiritualidad emergente, un ser espiritual aparece como un ser abierto, sincero, estudioso, laborioso, librepensador, creativo, solidario, esencialmente optimista y alegre.

EL SENTIDO PROFUNDO DE NUESTRA EPOCA:

El gran escritor libanés Yhalíl Gibrán dice en su obra "La Voz del Maestro" (1959): "la razón no es como las mercancías que se venden en los mercados, que mientras más abundan, menos valen. El valor de la razón merma al abundar. Pero, cuando se vende en el mercado, sólo el sabio es capaz de entender su verdadero valor". Les invito a que mediten sobre estas palabras porque ellas portan parte de la clave para entender de una manera cabal el sentido de nuestro tiempo.

Nuestra época es una encrucijada, un punto de encuentro, es algo así como una gran plaza en la que desembocan muchas calles que vienen de diferentes direcciones. Y en esa plaza se forma algo parecido a un gran mercado en el que se expone absolutamente de todo, lleno de gritos, de colores brillantes, de olores penetrantes, de oportunidades y de falsas salidas, una amalgama inverosímil donde todo se oferta y se vende.

CONTRADICCION Y CAOS:

Nuestra época es la menos coherente o uniforme que se haya dado nunca. Por "necesidades del guión cósmico" ha sido preciso que se encuentren en un mismo espacio y tiempo los elementos más contradictorios de nuestra historia: las aspiraciones más profundas junto a las mayores bajezas; las esperanzas más grandes junto a los más temibles peligros; los mayores ejemplos de unidad entre pueblos junto a la proliferación de los nacionalismos más exacerbados; la mayor riqueza junto a la mayor miseria... Y esto origina, como no podía ser menos, conflictos... Pero que no se tenga miedo al conflicto, el conflicto es necesario, la confrontación es necesaria, y no porque yo espere que del conflicto vaya a salir la luz... ni muchos menos. En realidad, lo que produce el conflicto es clarificar las posturas de cada cual.

DONDE PASADO, PRESENTE Y FUTURO SE UNEN:

En nuestra época pasado, presente y futuro se encuentran y conviven, lo cual no ha sucedido en ninguna otra época conocida de la humanidad.

El pasado está presente en forma de resultado de las siembras que no han sido cosechadas, de los problemas añejos irresueltos, vivos en nuestras sociedades, con su carga de sufrimientos.

El futuro está en forma de posibilidades apenas entrevistas, de conquistas apenas iniciadas, de revoluciones en todos los ámbitos cuyos fulgores parecen indicar que están a la vuelta de la esquina.

Entre los seres humanos, ante este panorama se generan unas respuestas en forma de actitudes vitales, que podemos englobar en tres grupos:

1) Regresivas

2) Pasivas

3) Progresivas

Las regresivas son aquellas actitudes para las que el viejo paradigma está aún plenamente vigente. Quienes las mantienen no conciben los nuevos valores porque se siguen identificando con los viejos, a los que se aferran y defienden desesperadamente.

Las actitudes pasivas vienen representadas por quienes han entrado en la crisis personal pero aún permanecen en el vacío generado por un mundo de referencias que se les hundió, al cual aún no han sustituido. De ahí que no quieran saber nada del pasado y al mismo tiempo no conciban un futuro. Esta visión se traduce en una huida hacia lo sensual, su lema podría ser aquel de: "La vida es corta, vívela a tope, muere joven, para que al final seas un bonito cadáver".

Las progresivas, por su parte, son aquellas actitudes que nacen en los seres que habiendo pasado su crisis personal, han buscado y encontrario una alternativa efectiva a los viejos valores, alternativa que sienten, comprenden y van aplicando, viendo su validez en la superación de los problemas que acucian al mundo de hoy.

DESAFIOS Y ESPERANZAS:

Nuestra época representa un gran reto, un gran desafío, un gran peligro pero también una gran esperanza. Ese peligro o esa esperanza residen en la conciencia de los seres: enfocados bajo el viejo paradigma esos descubrimientos no sólo son un peligro, sino una pendiente cierta al desastre. Bajo el prisma del nuevo paradigma con ellos se nos abren perspectivas insospechadas. Por eso nuestra época representa fundamentalmente un gran reto, el de alcanzar un desarrollo de la Conciencia suficiente para saber dirigir los actuales y los nuevos logros de la humanidad hacia el bien común. En nuestras manos está nuestro futuro.

LA GRAN ELECCION:

Todo lo que hemos venido diciendo hasta aquí confluye para llegar a esta conclusión: nuestra época es el escenario para la toma de una decisión trascendental, es un tiempo para elegir. Pero esta elección se ha de hacer conscientemente, libremente.

Por ello todo ha de ser puesto sobre la mesa. Nuestra época es compleja, caótica, contradictoria, pero increíblemente interesante porque en ella se decide el futuro de la humanidad. Disponemos hoy en día de fuerzas que si se descontrolan pueden destruir, sin duda alguna, la vida sobre la Tierra. El dominio de la genética, por ejemplo, despierta posibilidades asombrosas para la solución de múltiples enfermedades, pero al tiempo su mal uso puede llevar a las aberraciones más degradantes.

En este tiempo todo se da aceleradamente: cinco años ahora equivalen en muchos aspectos a veinte o veinticinco en épocas anteriores, y esto facilita una elección con mayor conocimiento de causa.

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CARACTERÍSTICAS DE LA ESPIRITUALIDAD EMERGENTE

La espiritualidad emergente es:

1) UNA ESPIRITUALIDAD INTEGRAL:

La Espiritualidad emergente aboga por un ser humano completo, integral, en cuyo seno estén desarrollados a la par todas las cualidades propias del espíritu. Es hora de dejar atrás espiritualidades parciales, cojas, incompletas, que han favorecido la creación de seres humanos caricaturas de lo que por su potencial deben ser en verdad. No es tiempo ya de establecer compartimentos estancos en el espíritu humano y mucho menos presentarlos como exclusivos y excluyentes.

Una espiritualidad que reivindique la preponderancia absoluta de cualquiera de las cualidades espirituales sobre las demás, podrá potenciar el desarrollo de esa cualidad, sin duda, pero a la larga creará un desequilibrio, una deformidad psicológica que más adelante habrá de ser reajustada propiciando el desarrollo de las cualidades abandonadas o desatendidas.

La espiritualidad emergente propugna el contenido de aquella definición de SABIDURIA que me gusta tanto: "Sabiduría es el uso correcto del conocimiento". Esta definición implica la actividad de la inteligencia, que lleva a la consecución del conocimiento, la acción de la voluntad que conduce al uso de ese conocimiento, y la manifestación del sentimiento direccionado el conocimiento a su uso correcto.

No basta querer hacer; no nos conformamos con querer hacer el bien: precisamos QUERER y SABER hacer el bien.

2) UNA ESPIRITUALIDAD NATURAL:

Espontánea, libre, sin uniformismos, sin cuadrículas mentales, con los mínimos códigos posibles. No puede codificarse el comportamiento humano prefijándose las respuestas a cualquier situación que la vida nos plantee. Si algo caracteriza a los seres más evolucionados y sus sociedades es la simplificación de sus códigos conductuales, dejando sólo los grandes principios.

En la medida en que la Ley se interioriza por el aumento de conciencia, menos "leyes" externas se han de crear. En otro sentido cada ser es diferente, único, irrepetible, y tiene derecho a manifestar su individualidad, su peculiaridad, siempre que ello no se alce como obstáculo para lo mismo en los demás, pues nuestra libertad termina precisamente donde comienza la de los otros.

3) UNA ESPIRITUALIDAD SIN INTERMEDIARIOS:

La relación del Ser Humano con lo Superior no necesita de interpretadores supuestamente cualificados, no precisa de sacerdotes ni de oficiantes, se realiza directamente desde el corazón del ser humano. La espiritualidad emergente no necesita gurús. La nueva humanidad no necesita pastores porque ha dejado de ser rebaño.

4) UNA ESPIRITUALIDAD SIN TEMPLOS:

En el paradigma de la espiritualidad emergente lo sagrado no se circunscribe a un lugar concreto. Todo es sagrado porque todo es obra de esa fuerza superior, llámese Dios o como se quiera. Como se ha dicho, el mayor templo es la Naturaleza, el mejor altar el corazón del ser humano. La espiritualidad emergente no precisa de templos o lugares especiales para manifestarse, es nuestra mente elevada, nuestra actitud profundamente sentida la que sacraliza cualquier cosa que hagamos, cualquier lugar que hollemos.

5) UNA ESPIRITUALIDAD SIN CULTOS:

Se define culto como "el conjunto de ceremonias y ritos realizados como homenaje a Dios". Pero, verdaderamente ¿Dios necesita esto? ¿Qué mayor homenaje a Dios que el esfuerzo consciente y sentido por entender su obra, por comprender sus leyes? Para dirigirse a Dios no es preciso ninguna palabra especial, ningún ceremonial, ningún ropaje, ningún rito, ninguna fórmula. Para dirigirse a Dios basta con la palabra, o mejor, el pensamiento sentido del momento, sincero, altruista, auténtico, espontáneo. Saquemos de nuestras mentes concepciones primitivas que nos remiten a tiempos que deberían estar superados en el proceso histórico de la humanidad.

6) UNA ESPIRITUALIDAD SIN PECADOS:

0 lo que es lo mismo, sin sentimiento de culpa. La idea tradicional del "pecado", entendida como una ofensa a Dios, carece de sentido en la visión de la espiritualidad emergente. Dios no puede sentirse afectado, dañado u ofendido porque cometamos errores. Este sería un Dios muy pequeño, un Dios muy humano. En la Nueva Espiritualidad no se define a Dios, no se lo imagina, por el contrario se siente, se intuye, se comprende cada vez más al estudiar su obra, que es la Creación.

Dios se concibe como la expresión de la máxima sabiduría, el máximo amor, la mayor potencia creadora y con esto basta. Por tanto, no existen "pecados", existen en todo caso errores y siempre nuevas oportunidades re rectificación.

7) UNA ESPIRITUALIDAD SIN ENEMIGOS:

La espiritualidad emergente no necesita justificarse en la existencia de ningún "oponente" o "enemigo", contra el que haya que luchar. El llamado Bien y Mal no constituyen dos realidades absolutas de naturaleza opuesta y, por tanto, irreconciliables, sino los dos polos de una misma realidad, así como la oscuridad no es "algo" distinto a la luz, sino simplemente ausencia de luz, el "mal" es ausencia del bien y no algo de naturaleza opuesta, contraria al bien.

Tampoco considera a la materia como opuesta y enemiga del espíritu, por lo que no hay que luchar contra la materia: hay que entenderla, comprenderla y domeñarla, es decir, espiritualizarla, para usarla en beneficio del espíritu.

8) UNA ESPIRITUALIDAD SIN IDOLOS:

En el paradigma de la espiritualidad emergente se reconoce la labor de todos los maestros que en todos los tiempos han contribuido, de alguna manera, al avance de los pueblos, al reconocimiento de su dignidad y a la regeneración humana en cualquier plano de su actividad, pero no endiosa a ninguno de ellos. Extrae de sus enseñanzas, de su obra y de su vida, las referencias que nos ayudan a superarnos. En este sentido, la enseñanza de un maestro seguirá vigente mien tras el hombre no haya logrado manifestarla como algo vivo en sí mismo y en la relación con los demás.

Esto no obsta para que elijamos a veces algunos modelos como los más adecuados según nuestras necesidades actuales, o porque nos parezcan más cercanos o comprensibles. Sucede a menudo así en el caso del maestro Jesús, considerado paradigma por excelencia del hombre espiritual. Pero hay quien no comprendiendo esto se siente capaz hasta de establecer la jerarquía cósmica de los maestros. Y yo me pregunto, ¿qué regla habrá utilizado? ¿Es esa una tarea que deba competernos? ¿a qué nos conduce? ¿Puede el inferior medir al superior? ¿No será al revés? Olvidémonos de medir a los maestros, estudiemos su enseñanza, comprendámosla y, sobre todo, apliquémosla. Lo demás no es de nuestra competencia.

Endiosar e idolatrar a determinados seres, al tiempo que se proponen como ejemplo máximo a seguir por el ser humano, significa alejar a esos mismos seres de la humanidad e inutilizarlos como referencias válidas.

9) UNA ESPIRITUALIDAD EVOLUCIONISTA:

La Nueva espiritualidad es esencialmente evolucionista, porque parte de una concepción en la que se acepta que no se comprenden todos los aspectos de las Leyes Universales. Luego, en la medida en que aumente nuestra conciencia, seremos capaces de manifestar más y mejor nuestra verdadera naturaleza con todas sus potencialidades, como la semilla que guarda en su interior en potencia todo el árbol, pero que se despliega lentamente en un proceso paulatino.

10) UNA ESPIRITUALIDAD UNIVERSALISTA:

La visión del ser humano envuelta en la espiritualidad emergente tiende a superar las ilusorias barreras de razas, colores, naciones y sexos. Concibe al género humano como una familia que comparte un hogar común, el planeta Tierra, con los mismos derechos y deberes básicos para todos, con la única diferencia que cada uno estamos en un grado distinto de la escala evolutiva.

Evolución individual y evolución colectiva no se oponen. La solidaridad, o mejor, la hermandad, nace de forma natural en el interior del ser humano consciente que sabe que no podrá ser feliz si no ayuda a conseguir esa misma felicidad en los que le rodean.

Muchos de los que sienten la nueva espiritualidad admiten la idea de la reencarnación, que unida a la de que el espíritu no tiene sexo, y que unas veces se manifiesta en un cuerpo de mujer y en otras de hombre, según sus necesidades evolutivas, constituye de por sí una auténtica revolución a la hora de considerar la lucha de la mujer por la consecución de sus derechos, colocando ésta en un escenario inconcebible para una visión materialista: la mujer no es inferior al hombre, pero tampoco el hombre es enemigo de la mujer.

11) UNA ESPIRITUALIDAD ECOLOGICA:

La espiritualidad emergente comprende la inmensa grandiosidad de la Vida en sus múltiples expresiones porque sabe que cada una tiene su papel y está en evolución, y que en esencia todo lo existente comparte una misma naturaleza. Bajo esta perspectiva se supera aquella vieja rémora, herencia que arrastramos de la concepción judeocristiana del mundo, de la separación del hombre y la naturaleza. La Nueva Espiritualidad reivindica la reintegración Hombre-Naturaleza, colocando esta relación en un plano de respeto a los otros reinos y no de sumisa subordinación de éstos con respecto al hombre.

12) UNA ESPIRITUALIDAD NO EGOISTA:

La espiritualidad emergente nace de la conciencia, no de la creencia, la costumbre o la tradición. El hacer derivado de la nueva espiritualidad vale por sí mismo y no está en función de nada, de ninguna ventaja egoísta. El ser impregnado por los valores de la nueva espiritualidad hace lo que hace impelido por su conciencia, sin esperar nada a cambio, por amor a la obra.

13) UNA ESPIRITUALIDAD CON SENCILLEZ:

La espiritualidad emergente proclama la sencillez como una de sus características más significativas, porque ella es el lenguaje de la autenticidad.

La espiritualidad emergente no busca la apariencia, sino la realidad; no lo externo, sino lo profundo; no los disfraces, sino la verdad desnuda. El paradigma de la nueva espiritualidad tampoco confunde la sencillez con la simpleza: la sencillez es la esencia despojada de lo superfluo; la simpleza es cáscara sin fruto que sólo el ignorante puede llegar a confundir con la sencillez.

Continuará.....

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